La memoria de nuestros mayores sigue funcionando ¡y de qué manera! A continuación seguimos con nuestro local, el cual si recuerdan, en el número anterior quedó autorizado para la compra.

Con una entrega de 500.000 de las antiguas pesetas, en concepto de entrada, se formalizó la compra. Sin papeles y “de palabra” se acordó con los dueños el pagó de 500.000 ptas. trimestralmente.

Pero, ¿cómo se obtuvo el dinero de la entrada y los sucesivos plazos? Después de muchas cuentas y números, en una época en la que los bolsillos no estaban precisamente muy llenos y no se podía apretar al socio, se ideó la siguiente fórmula:

La memoria de nuestros mayores sigue funcionando ¡y de qué manera! A continuación seguimos con nuestro local, el cual si recuerdan, en el número anterior quedó autorizado para la compra.

Con una entrega de 500.000 de las antiguas pesetas, en concepto de entrada, se formalizó la compra. Sin papeles y “de palabra” se acordó con los dueños el pagó de 500.000 ptas. trimestralmente.

Pero, ¿cómo se obtuvo el dinero de la entrada y los sucesivos plazos? Después de muchas cuentas y números, en una época en la que los bolsillos no estaban precisamente muy llenos y no se podía apretar al socio, se ideó la siguiente fórmula:

- La entrada se correspondería con el importe de la venta de nuestra primera sede social.

- Los plazos. Aquí es donde habría que hilar muy fi no. Se tomaron las siguientes decisiones:

· Formar un grupo que trajera lotería semanalmente y así obtener algo de beneficio. No sería mucho, pero por algo se empieza. Este grupo del cual era encargado Francisco Herrero “El Topino”, funcionó durante más de tres años.

· Actualizar los títulos del antiguo local social, que pasarían de 7.000 a 10.000 ptas. Los hijos de socio harían una aportación obligatoria de 10.000 ptas. y una aportación voluntaria de 2.000. Este valor aún se mantiene en la actualidad.

· Un préstamo. Se visitaron bancos y cajas y tras darle muchas vueltas a los números se acordó solicitar a los socios aquella cantidad que pudieran aportar en concepto de préstamo a la Comparsa. Ésta se lo iría devolviendo con el dinero que sobrara de Fiestas más un 8% de intereses. Así se creó el “Banco de los Moros”, sin formulismos legales, sin letra pequeña, pero con la ilusión, como aval de una nueva sede. Joaquín “el moreno” y Paco “el topino” salieron a proponer esta fórmula, casa por casa, a los socios, y la verdad hubo respuesta, como siempre que se convoca a los moros (como anécdota decir que uno de nuestros socios aportó 200.000 ptas., un capitalazo para la época).

· Aún quedaba un 30 % por cubrir y éste fue prestado por los hermanos Chico Ponce a un 0% de interés y lo cobraron los últimos. Desde aquí nuestro agradecimiento.

De esta forma no se dependió de ninguna entidad fi nanciera y además se posibilitó la participación en este proyecto de un gran número de socios, cada cual según sus posibilidades. Lotería, aportaciones, préstamos... todo valía para el pago del local. Gracias a ello hoy contamos con nuestra casa.

No hubo inauguración ofi cial, ni presentación de reformas. En aquellos tiempos todo era más sencillo, entre otras cosas porque no se contaba con presupuesto para obras, por lo que habría que hacerlas con el trabajo de los socios. Los fi nes de semana había una cita fi ja para un grupo de socios, unos quince, que no fallaban nunca. Fue un trabajo duro, pero del que nadie se quejó y que además hoy se recuerda con cariño. Anécdotas, mil y una. Como muestra, alguna de ellas:

- Se tiró por error un pilar central, de los de la estructura, que tuvo que ser sustituido por uno de hierro y forrarlo de obra.

- Se pensó ampliar la casa y para ello había que tirar una pared y coger un trozo de patio. ¿Dónde se tiró el casquijo? Pues al patio, y luego hubo que retirarlo a otro lugar para poder hacer la pared.

- Se encontraron en el sótano (bajo de la actual despensa) unas tinajas.La ilusión y la esperanza de que contuvieran algo valioso se esfumó pronto. Estaban vacías ¡Hay quien veía el local ya pagado!

- El material de obra se sacaba de derribos, y así todo lo demás. Las personas que nos la cuentan no paran de recordar y mientras hablan y ríen, observo un brillo especial en sus ojos, aquel del que recuerda con cariño y orgullo tiempos difíciles pero felices, donde se forjó amistad, compañerismo...

Las primeras fiestas en el local, su decoración y tantas cosas más quedan para nuestro próximo número.


Agradecemos la colaboración en este artículo de Joaquín Chico Ponce, Francisco Herrero, Miguel Ripoll y Miguel Ríos.